La Madre Naturaleza está hablando.


¿Qué queremos escuchar?

Algunos creen que está llegando el final del mundo, otros lo asocian todo al sobrecalentamiento  global, pero pocos se detienen a pensar en nuestra reacción inmediata. Estas situaciones que no podemos controlar y que ponen nuestra vida en riesgo y la de aquellos que queremos, nos invitan a pensar en el verdadero sentido de nuestra existencia, ¿para qué estamos aquí en este planeta?

Impotencia, tristeza, perdida y al mismo tiempo recogimiento, compasión, empatía, las dos caras de nuestra emocionalidad se despiertan. El final de los tiempos está llegando, pero no de la forma como lo interpretan muchas religiones; El final de los tiempos significa que estamos trascendiendo el tiempo espacio, el tiempo humano y el tiempo quántico se están unificando, trascendemos las fronteras del espacio tiempo y nuestra consciencia se tiene que elevar así sea a huracanasos o a temblores. Estamos en Barbados, después en Puerto Rico y hoy en México. La solidaridad de la gente no espera, nuestros corazones viajan por las redes sociales, la gran red que nos ha unido. Las demostraciones de ayuda incondicional son impresionantes, sin importar nacionalidad, creencias o partidos, todos nos unimos ante una catástrofe. ¿Por qué esperar a que esto pase para unirnos?

La tierra, como ser viviente está en su propio despertar y nos invita con sus movimientos abruptos a dejar el pasado atrás, a cambiar nuestras creencias, a cerrar círculos, a perdonar ofensas que al final no es otra cosa que recordar quienes somos y a qué hemos venido a este planeta. Olvidamos que escogimos lo que estamos viviendo, olvidamos para que lo escogimos y luego culpamos a otros de lo que acordamos que nos hicieran para aprender una lección. Recordar es crucial ahora para no continuar repitiendo las mismas historias.

Despertemos con la tierra a un nuevo nivel de consciencia, de unidad. Como dijo Gandhi; la paz comienza por uno mismo, no hay que ir muy lejos. Acallemos nuestras fieras internas de egoísmo, resentimiento, miedo y desamor. Empecemos por no juzgarnos a nosotros mismos ni a los demás, vivamos más intencionalmente, preguntémonos si lo que estamos haciendo y las razones por las que lo hacemos tienen algún sentido, saboreemos cada momento con cada uno de nuestros sentidos, respiremos más profundo y pensemos antes de hablar, antes de herir, en vez de adormecer y negar lo que sentimos aceptemos nuestros dolores, vulnerabilidades y las de los demás; que al final son nuestras propias vulnerabilidades y sintámonos bellos y perfectos con ellas. Reconozcamos que todos estamos en el mismo bote, que el otro no existe fuera de mí y que todos estamos conectados querámoslo o no. Porque entonces y solo entonces dejaremos de temblar para empezar a vibrar.

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